¡Buenos días!
Después de celebrar ayer la Virgen del Pilar, hoy comenzamos la semana con esta imagen:
Quizá pensáis en una persona que se va a un país lejano, que ayuda a niños/as que no tienen escuela, que trabaja en un hospital o que anuncia el Evangelio en lugares donde apenas se conoce a Jesús. Y sí, muchas personas misioneras hacen todo eso. Dejan su casa, su familia y su comodidad para ponerse al servicio de los demás.
Pero ¿sabéis qué? No hace falta irse al otro lado del mundo para empezar a ser misioner@.
También se puede ser misioner@ en el patio, en clase, en el equipo de fútbol, en el grupo de WhatsApp o en casa. ¿Cómo? Acercándote a alguien que está solo/a, defendiendo a quien recibe burlas, escuchando a un amigo/a que lo está pasando mal o teniendo el valor de pedir perdón.
Don Bosco tenía muy claro que lo importante era que los jóvenes se sintieran queridos. No bastaba con decirles que los quería: necesitaba demostrárselo con su presencia, su cercanía y su manera de tratarlos.
Y eso nos hace pensar: si Jesús nos invita a amar a los demás, nuestra misión empieza precisamente con las personas que tenemos más cerca.
Esta semana celebramos el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones. Es una oportunidad para recordar a quienes entregan su vida al servicio de los demás y para preguntarnos qué podemos hacer nosotros.
Porque, a veces, esperamos a ser mayores, tener más tiempo o disponer de más recursos para hacer algo importante. Pero quizá alguien necesita hoy, y no mañana, que le dediquemos cinco minutos.
Párate a pensar:
¿Quién de mi clase puede estar necesitando que alguien se acerque a él o a ella?
- ¿Soy una persona que hace que los demás se sientan acogidos o, sin darme cuenta, puedo hacer que alguien se sienta invisible?


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