¡Buenos días!
Vamos a empezar con algo muy sencillo....Imagina que hoy tienes un examen. Has estudiado durante toda la semana, te has esforzado muchísimo y sacas un 8. Sin embargo, tu compañero que apenas ha estudiado, llega al examen y… también saca un 8.
¿Qué pensarías? Probablemente algo parecido a: -"¿Perdona?", "no es justo", "yo me lo he currado mucho más". Muchas veces vivimos comparándonos:
-"Yo he hecho más", "yo llegué antes", "yo me lo merezco más", "¿por qué él/ella sí y yo no?"
Pero… ¿y si la vida no funcionara siempre así?
Vamos a leer el Evangelio:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió al amanecer a contratar trabajadores para su viña. A lo largo del día salió varias veces y fue llamando a más personas.
Al terminar la jornada, llamó a todos para pagarles. Comenzó por los que habían llegado últimos y les dio lo mismo que a los que habían trabajado desde primera hora.
Estos últimos protestaron:
—Hemos trabajado todo el día, ¿y recibimos lo mismo que ellos?
El propietario respondió:
—Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No habíamos acordado esto? ¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno?
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.
Jesús nos pone delante algo que hacemos muchas veces sin darnos cuenta: compararnos.
Nos cuesta que otra persona reciba algo bueno cuando pensamos que nosotros hemos hecho más.
Nos cuesta alegrarnos por alguien que consigue algo que nosotros queríamos.
Nos cuesta aceptar que alguien que ha llegado después pueda tener las mismas oportunidades.
Pero Jesús propone otra manera de mirar; no se trata siempre de preguntarnos: ¿Qué estoy recibiendo yo en comparación con los demás? sino : ¿Qué puedo aportar yo?
Ahora, durante un minuto, piensa en silencio.
- ¿Con quién me comparo últimamente?
Y pregúntate:
- ¿Qué me pasa cuando siento que otra persona tiene algo que yo quiero?
Es importante saber que no tenemos que competir todo el tiempo, no necesitamos ser los primeros, llegar antes o demostrar que somos mejores. Cada persona tiene su momento, su camino y algo que aportar. Y quizá «Aquí y ahora» significa precisamente eso: dejar de mirar tanto al de al lado y empezar a preguntarme qué puedo hacer yo hoy para que las cosas sean un poquito mejores.
María Auxiliadora de los cristianos....
¡FELIZ FIN DE SEMANA!