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Viernes 31 de octubre - El milagro de cada día

Comenzamos un nuevo mes, Noviembre. Estamos ya en pleno otoño, y esta época en muchos lugares se caracteriza por un fruto típico: las castañas. No sólo en España, también en la Italia de la época de Don Bosco, las castañas eran una comida habitual en estas fechas. 


Precisamente de castañas va la historia de la vida de Don Bosco que vamos a recordar.


El día de Difuntos llevó Don Bosco a todos los muchachos del Oratorio a visitar el cementerio y a rezar. Les había prometido para la vuelta CASTAÑAS COCIDAS y había hecho comprar tres grandes sacos.
Pero Mamá Margarita (que ayudaba en el Oratorio desde hacía unos años) entendió mal y no hizo cocer más que 3 ó 4 kilos.

José Buzzetti, un muchacho que ayudaba al Santo, sigue contando la historia:

- “Hay que decírselo enseguida. Con el alboroto de la vuelta de la hambrienta tropa, no supe explicarme”.

Don Bosco tomó en sus manos la pequeña cesta y empezó a repartir castañas con un gran cucharón. En medio del jaleo yo le gritaba:

- “¡Así no! ¡No hay para todos!”.

Don Bosco no quería creerlo y dijo:
- “Yo les he prometido a todos; sigamos mientras haya”. Siguió entregando a cada uno.

Yo miraba nervioso los pocos puñados que quedaban en el fondo del cesto, mientras la fila se hacía más larga. Alguno más empezó a mirar conmigo. De pronto se hizo el silencio. Todos quedaron desencajados al ver que el cesto no se vaciaba nunca... Hubo para todos.
Los muchachos gritaron por primera vez: ¡Don Bosco es un santo!




Don Bosco creía ciegamente en los jóvenes, y por eso les dedicó su vida, compartiendo con ellos incluso el alimento. Lo más importante de este suceso, es que todos seamos conscientes de que podemos hacer el milagro cada día, si también nosotros compartimos con los demás ayuda, esfuerzo,  trabajo, colaboración, alegría... En definitiva, si confías harás milagros en los demás. 


Para recordar este acontecimiento, que sucedió un dos de noviembre, hoy vamos a poder compartir en el recreo unas castañas que nos repartirá el AMPA. Es un buen momento para compartir, agradecer, y recordar con este gesto a Don Bosco.

Cada uno debe bajar con un cucurucho de papel para poder meter las castañas. Hazlo ahora mismo y no te lo olvides. 

(Tras comer las castañas tiramos los residuos a las papeleras para dejar todo bien limpito)

Castañas


 Vamos a recordar este pasaje que ya muchos conocéis:

El día de Difuntos llevó Don Bosco a todos los Muchachos del Oratorio a visitar el cementerio y rezar. Les había prometido, para la vuelta, castañas cocidas. Y había hecho comprar tres grandes sacos. Pero Mama Margarita no había entendido bien sus deseos y no hizo cocer más que tres o cuatro kilos. José Buzzetti, el jovencísmo “ecónomo”, llegó antes que los demás a casa, vio lo sucedido y dijo:- Don Bosco va a quedar mal. Hay que decírselo enseguida. Pero con el alboroto de la vuelta de la hambrienta tropa, Buzzetti no supo explicarse. Tomó en sus manos Don Bosco la pequeña cesta y empezó a repartir castañas con un gran cucharón.

En medio del jaleo le gritaba Buzzetti:
- ¡Así no! ¡No hay para todos!
- Hay tres sacos en la cocina
- ¡No! ¡Sólo esas! ¡Sólo esas!. Intentaba decirle Buzzetti. Don Bosco no quería creerle.
- Yo les he prometido a todos. Sigamos mientras haya.

Siguió entregando un cazo a cada uno. Buzzetti miraba nervioso los pocos puñados que quedaban en el fondo del cesto, y la fila de los que se acercaban, que parecía cada vez más larga. Alguno empezó a mirar con él. De pronto casi se hizo silencio. Centenares de ojos desencajados miraban a aquel cesto que no se vaciaba nunca; Hubo para todos. Quizás por primera vez, con las manos llenas de castañas, gritaron los muchachos aquella tarde:
“¡Don Bosco es un santo!”.



Lo realmente milagroso que ocurría en Valdocco era que todo lo que tenían se compartía. Nadie quedaba fuera, nadie acaparaba, todo el mundo tenía oportunidades. Don Bosco fue el maestro auténtico de compartir su vida, su tiempo, sus posesiones, por ofrecer oportunidades a aquellos que no lo tenían. Don Bosco repartía castañas a todos, pero también cariño, sonrisas y palabras oportunas para ayudar a todos.

Mañana en el recreo el AMPA compartirá esto con nosotros invitándonos a castañas. Habrá que bajar un cucurucho de papel cada uno para poder coger nuestra ración.

Recordemos el milagro y hagamos realidad el sueño de Don Bosco.