21 de febrero 2024

 

¡Buenos días!



Comenzamos la mañana antes de comenzar el puente con la lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

¿Qué zonas de oscuridad hay en mi vida personal, familia, relaciones, trabajo? ¿Qué hago para abrir mis ojos a la luz de Dios? ¿Leo la Biblia a diario? ¿Hago alguna oración? ¿Rezo solo o con mi familia? ¿Qué hago para compartir con otros la luz que Dios me ha regalado?

ORACIÓN

TENDER LA MANO A LOS DEMÁS

Tantas veces, Señor, te hablo y te digo: “Aquí estoy”.
Tantas veces, Señor, soy el primero en salir al paso
cuando hablan de nosotros, los cristianos;
tantas veces, Señor, intento seguirte desde mis circunstancias…

Pero miro a mi alrededor y veo que algo falla
y pronto me desanimo; tardo poco en vencerme y en cubrir mi rostro;
tardo poco en pensar que no soy capaz de cambiar nada,
y que mi trabajo, mi esfuerzo por mostrarte a los otros, es escaso.

Quiero ser, Señor, como un niño, que mira con ilusión todo lo que le rodea,
que arriesga por aquello en lo que cree,
que camina con confianza si alguien le tiende la mano
y que siempre, siempre, más o menos tiempo, sabe esperar.

Por eso, Señor:
en la espera, conviérteme a la vida;
en la espera, acaba con los límites que me desesperan;
en la espera, ayúdame a desbordar esperanza;
en la espera, Señor, quiero abrazar tu Cruz, esperanza de todos.

 

¡Feliz puente!

 

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