Con la llegada de diciembre, vemos luces, árboles y, claro, los Belenes en todas partes. Pero, ¿alguna vez se han preguntado de dónde salió esa tradición de montar ese jaleo con figuritas?
Pues no viene de una marca de decoración, ni una campaña de una marca de bebidas, sino de uno de los santos más grandes que ha tenido la iglesia (y esta vez no es Don Bosco): San Francisco de Asís, allá por el año 1223. San Francisco quería que las personas de su tiempo, que no sabían leer, pudieran entender y sentir de manera vívida la historia del nacimiento de Jesús. Su objetivo no era la decoración, sino la enseñanza y la devoción. Lo hizo en una cueva cerca de la ermita de Greccio, Italia.
En lugar de usar figuras talladas (aún no existía Amazon ni Aliexpress), usó personas reales para representar a María, José y los pastores. También incluyó un pesebre con heno y, la leyenda dice, que trajo un buey y una mula vivos para que la escena fuera lo más realista posible. Esta fue la primera "misa de medianoche" celebrada con un pesebre viviente. Se montó la primera experiencia inmersiva de la Navidad, ni decoración ni postureo, sin realidad virtual ni gafas 3D.
Así que, cuando veas un pesebre, no solo veas un adorno. Es una tradición de más de 800 años que empezó con una idea simple pero poderosa: hacer que la historia cobre vida.
Empieza a mirar el Belén como un relato de la historia maravillosa que es. La historia de la salvación.
Piensa por un momento en qué personajes aparecen en el Belén y vamos a hacer en clase una lista de ellos. Que alguien lo anote en la pizarra y seguiremos hablando sobre ellos esta semana.

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