En la historia de la Navidad, todos miramos al Niño Jesús, a María y a José. ¡Pero no podemos olvidar a dos ayudantes muy especiales que estuvieron allí desde el principio! Ellos son el Buey y la Mula.
Aunque la Biblia no los menciona directamente, la tradición del Belén los ha incluido desde hace muchísimos siglos por una razón hermosa y sencilla: fueron los anfitriones silenciosos del establo.
¿Cuál fue su papel?
Mantener el Calor: La noche en Belén era fría. Imagina un establo de piedra. La función más importante de la mula y el buey era dar calor al aire con su aliento y su cuerpo. Gracias a ellos, el pequeño pesebre se sintió un poco más cálido y acogedor para el bebé Jesús.
Símbolos de Humildad: Ellos nos recuerdan que Jesús no nació en un palacio lujoso, sino en el lugar más sencillo, rodeado de animales y personas humildes. El buey y la mula representan a toda la creación, dando la bienvenida al Creador del mundo. Qué importante es toda la vida, la biodiversidad, todos los seres vivos.
La mula y el buey nos recuerdan que los actos de bondad más pequeños y silenciosos son a veces los más importantes. Ellos dieron lo único que tenían—su aliento y su calor—al regalo más grande de la Navidad, Jesús.
Piensa por un momento en cómo podemos ofrecer nosotros las cosas más sencillas que están en nuestra mano: cariño, alegría, escucha...
Tras un momento de silencio rezamos juntos:
Querido Dios,
En esta Navidad, te pedimos que nos ayudes a ser como el buey y la mula.
Que seamos humildes y estemos siempre listos para servir.
Que podamos ofrecer nuestro calor y consuelo a quienes lo necesiten.
Y que, con nuestra presencia silenciosa, ayudemos a que el amor y la paz de Jesús estén siempre en nuestro hogar y en nuestro corazón.
Amén
Que seamos como la mula y el buey en nuestras casas, en nuestras clases, con nuestros amigos.

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